Por Miguel Ángel Martín
La reaparición de la música del maestro Germán Álvarez Beigbeder en el contexto de la Magna de Jerez ha supuesto un acontecimiento cultural de enorme resonancia, no solo para los aficionados a la Semana Santa jerezana, sino también para quienes reconocen en su figura uno de los pilares fundamentales de la música procesional andaluza. Sin ton ni son y de manera muy injusta, su obra había permanecido durante años en un discreto segundo plano, y fue el desarrollo social y mariano de la Magna jerezana el punto clave para, en este caso, no sólo condicionar y conmemorar la relevancia de la Virgen Maria, sino también otros aspectos como la ciudad en sí, su turismo, gastronomía y, por supuesto, la importancia musical en torno a uno de sus grandes autores, Beigbeder. Su re-aparición vuelve con una fuerza renovada, cargada de simbolismo y reconocimiento a su figura. Su regreso no es simplemente la recuperación de un repertorio histórico: es una reivindicación del valor artístico y devocional de una música que marcó profundamente la identidad sonora de Jerez en la primera mitad del siglo XX.
Durante muchos años, gran parte de la producción del maestro jerezano quedó relegada a archivos y grabaciones de difícil acceso, eclipsada por la irrupción de nuevos lenguajes musicales dentro de las bandas procesionales. Sin embargo, el auge reciente de proyectos de recuperación patrimonial ha propiciado una mirada más atenta hacia los autores locales y su legado. En este sentido, la “reaparición” de Beigbeder a partir de la Magna no es fruto de la nostalgia, sino el resultado de un proceso maduro de revalorización cultural. Bandas, musicólogos y hermandades han colaborado para devolver a la calle unas marchas que constituyen auténticas piezas maestras del género. De este proceso, por ejemplo, nació la idea que tuvimos la Hermandad del Cristo y sus capataces y la Banda de Música “Nuestra Señora de Palomares”, de Trebujena, la cual tengo el honor inmenso de dirigir, de interpretar únicamente las marchas del maestro durante los lugares establecidos por la organización en la carrera oficial del evento mariano. Sumado a esto, dicha formación musical, siempre apostó por su legado, tanto fue así que, bajo la Dirección musical del ilustre José Manuel Valderas, ofreció un concierto dedicado a su música el 17 de septiembre de 2021, en el patio de los Claustros de Santo Domingo, con la colaboración, también, de la Hermandad del Cristo.
La música de Beigbeder se distingue por su exquisita elegancia, un equilibrio poco común entre lo solemne, lo íntimo y lírico, y una instrumentación y armonización que revela su profundo conocimiento del lenguaje sinfónico-bandístico. A diferencia de otros compositores de su tiempo, Beigbeder supo elevar la marcha procesional a una categoría artística superior, integrando elementos de la tradición romántica europea sin renunciar a la esencia propia de la música procesional andaluza, desde su estilo hasta su idiosincrasia más pura.
El impacto emocional de este regreso ha sido especialmente evidente en Jerez, donde la figura del maestro forma parte del imaginario cultural de la ciudad. Prácticamente, todas las Bandas que, de manera habitual pasamos por los diferentes desfiles procesionales en la ciudad, incrementamos sus composiciones en sus repertorios pero, de manera llamativa, las bandas que venían por primera vez a Jerez, como la Filarmónica de Pilas, introdujeron sus marchas en sus repertorios, quedando esas partituras en sus carpetas para otras localidades, lo que demuestra, de manera evidente, que la calidad musical que denota su escritura roza lo sublime, siendo auténticas obras de arte. Que su obra vuelva a ocupar un lugar destacado gracias a un acontecimiento tan singular como la Magna supone, a gran escala, la restitución de una deuda histórica.
Durante la celebración de la Magna, el público ha podido redescubrir marchas como “Cristo de la Expiración” o “Nuestra Señora del Mayor Dolor”, “Virgen del Valle” o “Desamparo”, composiciones que reflejan la profunda espiritualidad y sensibilidad artística del maestro. Interpretadas con rigor por bandas especialmente preparadas para la ocasión, estas piezas han recuperado su carácter ceremonial, ofreciendo momentos de intensa emoción que han quedado grabados en la memoria de quienes tuvimos la suerte de presenciar y participar en el acontecimiento mariano más importante de la provincia. La sonoridad particular de Beigbeder —donde los metales nunca dominan en exceso y la cuerda de maderas adquiere un protagonismo casi camerístico— ha brindado un contraste muy enfatizado frente a las marchas de corte más moderno que suelen predominar en los repertorios más actuales.
El éxito de esta reaparición ha despertado un renovado interés por escuchar su música en distintas ciudades, principalmente andaluzas, así, como dato, pude presenciar la magistral interpretación de “Desamparo”, por la Banda de la Cruz Roja de Sevilla en la salida extraordinaria del Cristo de San Agustín el pasado 21 de diciembre de 2024.
Como conclusión, la “vuelta” de Beigbeder a la primera línea de la música cofrade en general no puede entenderse únicamente como un acto de recuperación patrimonial vivido durante la magna, sino como un símbolo necesario de que representa la reafirmación del valor cultural de la música procesional, una expresión de identidad y continuidad histórica que une a generaciones de jerezanos y andaluces en torno al único lenguaje sonoro común: LA MÚSICA. La obra del maestro, al volver a las calles, demuestra que la tradición no es un ejercicio de mera conservación, sino un diálogo vivo entre pasado y presente. Y en ese diálogo, la música de Beigbeder vuelve a ocupar el lugar que siempre mereció: el de una voz esencial en la historia musical de Jerez y de la Semana Santa andaluza.
Miguel Ángel Martín Hernández
Director de la Asociación Filarmónica “Banda de Música Ntra Sra de Palomares”