Por Alejandro Fernández
Hay una conjunción perfecta que cada mes de julio se repite en Jerez de la Frontera, un encuentro en el que el tiempo parece detenerse cuando los sones de la Banda de Música del Maestro Tejera acarician la portentosa figura de la Virgen del Carmen. El paso del tiempo ha consolidado con el paso de los años una unión identitaria profunda, un binomio absolutamente inseparable basado en la búsqueda constante de la excelencia y en una forma compartida de entender la puesta en la calle de una cofradía.
La presencia de la legendaria formación que dirige José Manuel Tristán tras la Santísima Virgen aporta al discurrir de la procesión una prestancia única y un empaque difícil de igualar. La elegancia de Tejera no radica únicamente en su impecable sonido, siempre rotundo, clásico y dotado de una madurez instrumental inconfundible, sino también en la rigurosidad, la seriedad y el respeto reverencial que sus músicos imprimen a cada metro del itinerario. Esta finura se complementa a la perfección con un repertorio minuciosamente cuidado de común acuerdo con la hermandad, donde se huye de modas efímeras para apostar por composiciones de indudable calidad lírica. Se configura así una cruceta musical de sello aristocrático y clásico, que encaja milimétricamente con el andar sobrio y elegante de la Emperatriz del Carmelo por las calles jerezanas.
Pero dentro de este selecto catálogo musical, existen dos composiciones que guardan una vinculación íntima con esta cita mariana y que marcan, sin duda, los momentos cumbre de la jornada. Por un lado, la interpretación de Reina del Carmelo, la obra cumbre de nuestro genial maestro jerezano Germán Álvarez Beigbeder, se convierte en un derroche de solemnidad; Tejera exprime cada matiz de la genial partitura, logrando una atmósfera imponente, honda y sobrecogedora que estremece a cuantos la presencian. Por otro lado, la inclusión de la marcha “Carmen”, del compositor Daniel Albarrán, supone un bellísimo homenaje directo a la advocación de la Virgen, transformándose en un diálogo perfecto entre la maestría de la mítica banda y la devoción de una ciudad que se rinde ante la Reina del Carmelo. En definitiva, la música de Tejera ya es parte del patrimonio inmaterial de la corporación jerezana, demostrando año tras año que el buen gusto y la tradición más pura caminan siempre de la mano.